Tres siberianos, cerveza tibia y una comisaría de Dostoievski. San Petersburgo sobrevivió 872 días de asedio. Hoy tiene más de 400 puentes. Es Europa, pero no del todo. Para los rusos, es simplemente Piter.
Tres siberianos, cerveza tibia y una comisaría de Dostoievski. San Petersburgo sobrevivió 872 días de asedio. Hoy tiene más de 400 puentes. Es Europa, pero no del todo. Para los rusos, es simplemente Piter.
En una calle perdida de Podgorica hay un mural de Maradona. También hay murales de Palestina. La ciudad quedó devastada en la guerra, la reconstruyeron, le cambiaron el nombre y se lo devolvieron. Es una ciudad nuevita. En la costa, Kotor espera con sus murallas venecianas.
Katmandú presenta una mezcla caótica de contaminación, humo y ruidos en sus calles, donde conviven templos antiguos y un moderno estilo de vida. La diosa viviente, Kumari, y su culto son parte de la cultura local. Las ciudades vecinas de Patan y Bhaktapur ofrecen un vistazo a la rica historia y arquitectura de Nepal.
Recorrer Auschwitz es enfrentarse al símbolo más brutal del exterminio nazi. Del cartel Arbeit macht frei a las cámaras de gas, una crónica sobre el horror, la memoria y la incomodidad del turismo en el mayor campo de concentración del Tercer Reich.
La ejecución de un joven conspirador, una madre en duelo y una casa discreta a orillas del Volga: así empezó el camino que llevó a Lenin del derecho al marxismo. En Samara, lejos de Moscú y del poder, se gestó una idea capaz de derrumbar un imperio.
Un retiro de meditación en el Himalaya. Geopolítica, monos cleptómanos y la memoria de un millón de muertos. En la capital sin estado del Tíbet, la sabiduría es esquiva, pero el thali es inmediato.
Sarajevo es el eterno Encuentro de Culturas, un crisol de mezquitas y catedrales. Pero su belleza esconde las cicatrices del asedio más largo de Europa, el fuego que no pudo doblegar su espíritu. Un lugar donde la historia moderna estalló y donde el pasado todavía late en las fachadas.
Una ciudad impecable guarda un rincón casi invisible: las placas que recuerdan a Georg Elser, el carpintero que estuvo a trece minutos de matar a Hitler. Entre el frío, la puntualidad y el olvido, Múnich muestra su otra cara: la que prefiere no detenerse.
En Moscú, incluso el recuerdo tiene escala monumental. Una escalera interminable lleva del metro a la historia, donde cada piedra narra una guerra y cada monumento repite la misma victoria.
En India, nada parece tener orden: los trenes se demoran, las bocinas no paran, la gente come con las manos. Y aun así, todo avanza. Un viaje entre el desconcierto, la costumbre y la extraña armonía del caos.